Europa, siglo XXI

Bajo mi punto de vista, el proceso que están viviendo Cataluña y otras partes del continente está llamado a cambiar la UE de arriba abajo. Inevitable, Europa no tiene otra salida: o se reinventa o se va al carajo. O grandes estados europeos o una Europa grande, pero pretender que ambas opciones convivan es la cuadratura del círculo, un imposible.

Por eso estoy convencido que el proceso no tiene marcha atrás, como lo estoy que en Bruselas lo saben perfectamente: o construimos una Europa de pequeños que le cedan los asuntos de peso, o mantendremos una Europa esquizofrénica, en permanente tensión interna entre grandes estados que reclaman una UE fuerte mientras defienden sus propios intereses. Either or. Y en un mundo donde juegan gigantes, los antaño poderosos grandes estados europeos no tienen nada que hacer, si no juegan -jugamos, todos- la partida europea.

"Quedaréis fuera", amenazan los garantes de los antiguos grandes estados a catalanes y escoceses; "tendréis que pasar controles fronterizos como antes", braman; "perderéis el euro", aseguran. Ya se pueden ir olvidando: por "fronteras intraeuropeas" no me aparece nada. Hoy leo este artículo de José María Carrascal y me reafirmo: no, el proceso ni se detendrá ni, mucho menos, dará marcha atrás. El nacionalismo español no hará nada por detener un proceso cuya razón de ser, en última instancia, es la construcción de una casa común en la que todos los europeos podamos hacer frente al mundo del siglo XXI.



PREPARARSE PARA LO PEOR
José María Carrascal
20 de marzo de 2014

La duda hamletiana de Mas es ¿legal o no legal? Porque la «consulta» tiene que hacerla. Le va en ello no ya el cargo, sino su lugar en la historia. Si es legal, tendrá que ser una pequeña farsa: elecciones anticipadas disfrazadas de plebiscitarias. Si es ilegal, tendrá que hacerla a la brava: sacar las urnas de donde sea, que vote quien sea y que salga lo que sea. Él habrá cumplido.

Durante bastante tiempo se creyó que elegiría lo primero. Sus propios socios lo creían, los socialistas lo decían, los empresarios lo aconsejaban, Bruselas lo advertía. Pero de un tiempo a esta parte estamos viendo a un Mas que va por libre, un Mas que vuelve a ser el Moisés que lleva al pueblo catalán a la Tierra Prometida, aunque él no llegue a verlo. Incluso usa símiles bíblicos. «También David venció a Goliat».

No crean que todo es fervor patriótico. Artur Mas ha echado sus cuentas y los números no le salen. De elegir la prudencia, las elecciones plebiscitarias iban a ser para él una derrota aún peor que las últimas, donde perdió un montón de votos a favor de ERC. Esta vez quedaría sobrepasado por ella, en manos de Junqueras, e incluso su papel en Convergencia peligraría. Así que, de perdido, al río. La consulta se celebrará el 9 de noviembre «sí o sí», y salga el sol por el Tibidabo en vez de por la Barceloneta, que es por donde suele salir.

Con lo que la duda hamletiana se traslada a Rajoy: ¿qué hacer ante ello? Ya ha dicho que no está dispuesto a ser el presidente que consienta un referéndum ilegal. Pero ¿y «si se lo celebran» a la brava? También él tiene dos opciones contrapuestas: la activa y la pasiva. Dejar que Mas se estrelle, que el suflé nacionalista se desinfle ante el rechazo exterior, de Bruselas especialmente; y si no se desinfla, ya se encargará la realidad de desinflarlo. Una táctica muy gallega, emparentada, sin embargo, con la acerada inglesa de «cuando las cosas no tienen arreglo, lo mejor es dejar que se estropeen del todo». Lo malo es que, esta vez, «la cosa» no es solo Cataluña. Es también España, de la que forma parte, y no podemos esperar el desplome catalán sin riesgo de que sea general. Hay que tomar medidas para que no ocurra o, al menos, para que el entero edificio no se nos venga abajo.

El Gobierno ya ha tomado algunas medidas, a todas luces insuficientes a juzgar por los resultados. Más dinero para Cataluña está visto que no basta. La Generalitat se está gastando ese dinero en promover el independentismo dentro y fuera, con en las principales capitales, y ni siquiera agradece el aumento de la inversión estatal dentro de casa, en infraestructuras y eventos, como se ha visto en la expansión del AVE, en el puerto de Barcelona y en las ferias internacionales. Mas y su Gobierno lo toman como pago del dinero que España les debe, y buena parte de los catalanes, como parte del que «España nos roba». No, el tigre nacionalista no se amansa dándole carne. Al revés, le afianza en sus convicciones y le hace aumentar sus reivindicaciones, que continuarán hasta que alcance su objetivo, la plena independencia. Algo parecido puede decirse de la amenaza de lo que sufrirá Cataluña si se separa de España, que será separarse de Europa. Pudo surtir efecto al principio, pero la contraofensiva soberanista ha logrado que se asuma y digiera, con esa capacidad que tiene el nacionalismo de dar la vuelta a la realidad. Sencillamente, muchos catalanes no creen en ello y piensan que España, Europa, el mundo aceptarán el Estado catalán, como han aceptado otros nuevos estados que han surgido. Incluso con amenazas: «La mayoría de las exportaciones españolas a Europa, especialmente las agrícolas, pasan por Cataluña –advertía no ha mucho un destacado nacionalista–, por lo que la principal perjudicada de un cierre de fronteras sería España». Con afirmaciones como esta, ignorando que hay otros medios de transporte que el de carretera –el avión de carga empieza a sustituirlo en muchos aspectos–, es como se ha venido engañando al pueblo catalán durante los últimos años. Van de veras, van a por todas, y esta vez ni siquiera la realidad les asusta, porque la tergiversan. Como el fraile con la puta al hombro, contestan a quienes les advierten: «Todo es bueno para el convento», y perdonen la crudeza del símil, pero más crudo es lo que nos está pasando.

Quiero decir que tenemos que estar preparados para lo peor –una declaración unilateral de la independencia catalana– por ilegal y descabellado que parezca, ya que los silencios, los obsequios, las advertencias no surten efecto. ¿Y qué significa estar preparado para esa declaración de independencia? ¿Invocar la autorización constitucional de suspender un gobierno autónomo cuando viola la ley de leyes? ¿Suspender la autonomía de Cataluña, según las mismas prerrogativas? ¿Desplegar nuevas unidades del Ejército en ella? ¿Reforzar los efectivos de la Guardia Civil y de la Policía Nacional? ¿Despachar los tanques? Lo único que conseguiríamos con esas medidas sería lo que posiblemente están esperando los nacionalistas: aumentar su victimismo, mostrar al mundo que Cataluña es, como dicen, un rehén de España, que les roba. O sea, lo contrario de lo que se pretende. Los tiempos no están para eso ni para echar la culpa de lo que nos está ocurriendo a Zapatero, con su infantil e irresponsable promesa a Maragall de que les daría lo que le pidieran. La leche derramada no vuelve a la botella.

Prepararse para lo peor significa, ni más ni menos, eso: aceptar el desafío, tomar las medidas pertinentes para el caso de que los actuales Gobierno y Parlamento catalanes decidan separarse de España sin atenerse a ley ni a derecho. Empezando por buscar rutas alternativas a nuestros productos hacia Europa, como nos advertía ese nacionalista a ultranza, y disponiendo que todo lo catalán deje de ser español en el momento en que eso ocurra; y europeo, pues, si Mas y compañía están dispuestos a jugar fuerte, España también puede hacerlo. Ofreciendo, desde luego, a cuantos catalanes deseen seguir siendo españoles toda la protección y ayuda que necesiten. ¿Que íbamos a sufrir? Sin duda alguna. ¿Que tendríamos que apretarnos aún más el cinturón? Seguro. ¿Que nuestro peso en Europa disminuiría? De acuerdo. Pero también habría compensaciones. Por ejemplo, no tener que aguantar un día tras otro las quejas, los insultos, las mentiras, las altanerías de los separatistas catalanes, junto con los robos, estos auténticos, de sus élites a Cataluña y a España.

Pudiera incluso ser la manera de solucionar de una vez y para siempre el «problema catalán» que nos atosiga desde hace más de un siglo, ni otro remedio que el «conllevarlo» de Ortega. Cuando los hombres no somos capaces de solucionar un problema, la realidad se encarga de solucionarlo. Aparte de que preparándose para lo peor solo puede venir mejora.

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9 comentaris:

XeXu ha dit...

Cada cop faig menys cas al que diuen de nosaltres. He de reconèixer que he començat a llegir l'article i en veure que s'anava centrant en el president Mas he deixat de llegir. Això és el que volen fer creure, que només són deliris del president del país i no la voluntat d'un poble. No sé si Brusel.les ho sap, però si no ho sap, són ben cecs.

Francesc Puigcarbó ha dit...

Arturn Mas no deixa de ser un actor-director secundari, qui empeny és la base, qui l'empeny, vaja!

Carme ha dit...

Doncs això, que es preparin pel pitjor segons ells, pel millor segons nosaltres, que se'n vagin fent a la idea... això és el que ens convé. Que ens engeguin a fregir espàrrecs, que ens enviïn a l'espai exterior, el que sigui, però que ens deixin en pau.

Aquest cop he llegit tot l'article, tot i que acostumo a fer com en XeXu que passo bastant (o del tot) del que diuen.

Moisés ha dit...

Si tenemos que hacerle caso a Carrascal mal vamos... Europa es una constante en construcción y los ideales de la Europa unida y a la par están cayendo por la práctica política. ¿Damos la razón como a los locos a los poderosos de Europa para que así puedan ejercer el poder en el mundo (al estilo de Rusia o EEUU)? No creo que esa sea la solución, Europa debe saber que por más que quiera es un conjunto de países y que sólo si hay consenso puede actuar. Esto es muy incómodo, claro está para el que quiere ejercer el poder absoluto, pero necesario. La riqueza de Europa no es su acción conjunta, creo yo, sino su diversidad.

Y dicho esto, no creo que la salida de Cataluña tenga que ver con que esté o no esté en la UE...

Un abrazo.

Javier Arnott Álvarez ha dit...

I al mig de totes aquestes entelèquies, anàlisis i demés politiqueig, on estem els ciutadans, algú s'ha preocupat de saber el que pensem nosaltres, a on estem, perquè sembla que tot això es un invent del Mas, i tots nosaltres saben que no es aixis.

Ferran ha dit...

XeXu, la meva interpretació sobre l'article va més enllà del que digui de Mas i del "lideratge" del procés: la meva interpretació és que fins i tot els més retrògrads, com Carrascal, saben que això no té aturador i que exèrcits, suspensions de l'autonomia i similars són impossibles, en el context europeu.

Francesc, sí, en això estem tots d'acord.

Carme, l'article és interessant, al meu parer, pel que explico en el comentari al XeXu.

Moisés, coincido plenamente contigo cuando dices que la riqueza de Europa es su diversidad, pero en cambio no entiendo muy bien lo que quieres decir con tu última frase, lo de la "salida de Cataluña" y estar o no en la UE. Un abrazo,

Javier, estic convençut que saben perfectament que no és una història d'un polític, però els interessa vendre aquesta pel.lícula als seus administrats. Alguns s'ho deuen creure, altres no. En qualsevol cas, llàstima pels que no, per com els manipulen.

pons007 ha dit...

molt bé... el procés es imparable, d'acord, acabarem sent independents però quan? Jo tinc una edat ja, eh? :P

Jordi ha dit...

Aquest article és un exemple que no entenen res i que continuen pensant-se els amos, que els diners són només seus, etc, etc. El nacionalisme espanyol és el que té...

Ferran ha dit...

pons007, digues-m'ho a mi, que enfilo decidit cap a la cinquantena. Glups :p

Jordi, em sembla que això forma part de l'ADN de l'espanyolisme (que no vol dir tots els espanyols): creure's el melic del món, i naturalment amos del país i únics legitimats par parlar en nom seu. Quina mandra foten.